Las Vegas – Presa Hoover, Ruta 66 y Gran Cañón día 4

Este post está integrado dentro del viaje que realizamos entre Estados Unidos y México (se irá sacando paulatinamente). En la sección “Resto Mundo”, tendréis el viaje separado por atracciones turísticas y ciudades, enlazando los días entre sí.

Por fin llego el cuarto día en Las Vega, el día que más estábamos esperando de todo el viaje, ir al Gran Cañón del Colorado, donde además de poder contemplar su esplendor y su majestuosidad, íbamos a pasar una noche allí.

Iba a ser un recorrido de unas cinco horas en coche (más las correspondientes paradas) y unos 500 kilómetros, 140 de ellos a través de la mítica Ruta 66.

Nos levantamos temprano, y a eso de las ocho ya estábamos saliendo del hotel camino a nuestro primer destino, un 7eleven donde íbamos a comprar el desayuno, unos “cinnamon rolls” o rollitos de canela (si no los habéis probado, os los recomiendo), y desde allí ya salimos hacia lo que sí que sería nuestro primer destino, la Presa Hoover.

La presa se encuentra a tan solo 50 kilómetros de Las Vegas, construida entre los años 1931 y 1936, está ubicada en el curso del río Colorado, en la frontera entre Arizona y Nevada. Si queréis visitarla y poderos pasear por ella, os recomiendo que vayáis pronto, ya que los aparcamientos son muy reducidos y además están vigilados (por lo menos cuando nosotros fuimos).

En los pilares que se encuentran dentro del lago que forma la presa, vimos que había dos relojes cuando íbamos al parking, pero no nos dio tiempo a fijarnos más, pero a la vuelta, nos dimos cuenta de que cada reloj indicaba la hora en cada estado, ya que Nevada y Arizona no tienen la misma franja horaria (en Arizona, es una hora más que en Nevada, tenerlo en cuenta por si tenéis reservas importantes entre ambos estados).

Tras conocer esta mole de hormigón, continuamos nuestro viaje hacia Kingsman, donde tomaríamos el desvío para llegar a la carretera más conocida del mundo (creo), la Ruta 66. Fundada en 1926, esta carretera recorría originariamente ocho estados, haciendo la friolera cifra de 3.939 kilómetros.

En la Ruta 66 aún se pueden ver vestigios de lo que fue, incluso a mitad del recorrido que hicimos hay una gasolinera-museo-tienda de recuerdos, el “Hackberry General Store”. En él es como volver al pasado, nos recordó a las antiguas películas americanas, con los surtidores, coches de la época (en mal estado, pero aun así, daban su encanto a la zona), cabezas de ganado colgadas en las vallas, Harleys aparcadas en la puerta con los típicos moteros/moteras de chupa de cuero o chaleco y llenos de tatuajes, etc.

Nos sacamos unas fotos y continuamos hacia nuestro destino final, el Gran Cañón (podéis comprar suvenires en la tienda pero, comparado con Las Vegas, son caros). Durante el recorrido hacia el Gran Cañón, continuamos un rato por la Ruta 66 hasta llegar a Seligman, donde ya nos incorporábamos a la autopista.  A 70 kilómetros ya cogimos el último desvío del camino y pudimos comprobar como una nube negra descargaba agua en lo que creíamos que era el Gran Cañón.

Esto nos hundió un poco la verdad, pero a medida que íbamos avanzando, las nubes se acercaban rápidamente pero los kilómetros no disminuían mucho, por lo que nos dio la esperanza de que estuviesen antes. Y así fue, las nubes nos las encontramos a medio camino y, cuando las pasamos, pudimos comprobar que en el Gran Cañón hacia un solo de justicia.

Ya por fin llegamos. Para poder acceder tienes que pagar 30$ por coche (si vais a visitar más parques nacionales, miraros la tarjeta anual, que son 80$) con los que te dan una tarjeta para poder moverte con el coche por las zonas delimitadas para vehículos.

Nuestro primer destino fue el hotel, donde fuimos a hacer el checking y organizar la mochila para salir a recorrerlo (el precio de la habitación de hotel no nos pareció excesivamente caro para la ubicación que tenía, fueron 130€).

Como teníamos un poco de hambre, cogimos el coche hasta el Visitor Center, donde fuimos a una de las tiendas que hay (no son tan caras como podrían ser), y nos cogimos unos sándwich y unas cervezas, que resultaron no serlo 😀 . Resulta que en todo el interior del Gran Cañón solo se vende alcohol en los restaurantes, y lo que nosotros habíamos comprado era “Root Beer”, o lo que como nosotros lo conocemos más, zarzaparrilla. El sabor aparte de no gustarnos, nos recordaba a un medicamento que tomábamos de pequeños.

Ciervo en el Visitor Center del Gran Cañón - Arizona
Ciervo en el Visitor Center del Gran Cañón – Arizona

Tras comer algo, comenzamos a conocer el Gran Cañón (os voy a ir diciendo las zonas en las que estuvimos y como llegamos, ya que no hay ninguna descripción importante al respecto, pero en las fotos podréis observar las vistas desde cada punto).

Nuestro primer mirador fue Mather Point, y una de las cosas que más nos gustó fue que no ves el cañón desde lejos y te vas acercando al borde, si no que el camino estaba un poco cuesta arriba, impidiéndonos verlo, así que cuando llegamos arriba, se nos apareció ante nosotros el gran abismo que forma el Gran Cañón del Colorado y pudimos comprobar esa maravilla que se ha ido creando poco a poco con el paso de los años.

Justo bordeando todo el cañón hay senderos que comunican unos miradores con otros, así que cogimos unos que salía hacia nuestra derecha y, tras andar unos quince minutos (por el camino podréis observar ardillas muy juguetonas) llegamos a Yavapai Point.

Tras contemplar las vistas que este mirador nos daba, decidimos poner rumbo a otro que estaba un poco más lejos, así que en Yavapai Point cogimos el autobús de la línea naranja (son gratuitos) hasta nuestro tercer mirador, Yaki Point.

Aprovechamos que teníamos que esperar a que volviese otro autobús (unos 15-20 minutos entre uno y otro) para sacar unas fotos y dar una pequeña vuelta. Ya se iba acercando la hora de que el sol se escondiese así que, cuando llegó el autobús, volvimos al Visitor Center donde habíamos dejado el coche y fuimos a aparcarlo al hotel.

Una vez aparcamos el coche fuimos a la parada de la línea roja, que se encontraba al lado, y fuimos a Hopi Point para poder ver uno de los mejores atardeceres que hemos visto hasta ahora. Cuando llegamos estaba lleno de gente así que, buscamos un sitio donde sentarnos tranquilamente a disfrutar de esa maravilla visual (llevaros alguna chaqueta o sudadera 😉 ).

Una vez que el sol se escondió, todo el mundo nos fundimos en un gran aplauso y salimos corriendo hacia la parada del autobús, ya que este solo circula hasta una hora más de la puesta de sol (comprueba aquí la hora de las puestas de sol en el Gran Cañón).

Cuando llegamos al hotel nos dimos una ducha y cogimos una cerveza de las que llevábamos en la nevera (no se pueden comprar, pero sí llevar) y nos fuimos a dar un paseo por la oscuridad que nos brindaba la noche del Gran Cañón a contemplar las estrellas y, tras terminar, fuimos a uno de los restaurantes de la zona a cenar y después, a la camita, que al día siguiente teníamos que coger un helicóptero 😀 .

Aquí tienes un listado con los hoteles de Tusayan (a 15 minutos del Gran Cañón), sólo tendrás que registrarte y seleccionar las fechas de tu viaje.

Aquí tienes el hotel en el que dormimos dentro del parque del Gran Cañón.

Información útil y guía PDF sobre el Gran Cañón en español.

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