Sachsenhausen y Berlín, tercer día

Sachsenhausen, campo de concentración construido en la ciudad de Oranienburg, a 35 kilómetros de Berlín. Sachsenhausen sirvió como modelo para otros muchos campos, como por ejemplo el famoso campo de concentración de Auswitch.

La cifra exacta no se sabe, pero fueron más de 200.000 personas las que pasaron por allí (entre opositores al régimen, homosexuales, judíos, comunistas, etc), de los cuales se cree que más de 100.000 perdieron la vida, víctimas de enfermedades o ejecuciones, hasta su liberación en abril de 1945.

Cómo ver Sachsenhausen

Para llegar, cogimos el tren en la estación central de Berlín (Hauptbahnhof), y se tarda unos 30 minutos en llegar a la parada de Oranienburg. Desde donde fuimos andando unos veinte minutos hasta llegar a la entrada (hay carteles que van indicando el camino hacia Gedenkstätte). La entrada es gratuita, pero si queréis audioguías son 3€.

Lo primero que nos encontramos nada más llegar fue la puerta de acceso al mismo, donde se puede leer la frase “Arbeit macht frei”. Utilizada en varios campos de concentración, que viene a significar “el trabajo os hace libres” o “el trabajo libera”.

Nada más entrar, se ve un campo extenso en el que quedan muy pocas edificaciones. Todas estas fueron destruidas por los nazis cuando llegaron los aliados para evitar que quedasen restos de las barbaries cometidas.

Entre los barracones que hay para poder visitar (todos ellos replicas, algunos incluso con los mismos materiales de la construcción original), podemos ver la enfermería, lavandería, un barracón completo, con sus literas, cuarto de baño (si es que se le puede llamar así) y más edificaciones con exposiciones de los objetos que allí hubo.

El horror de Sachsenhausen

Empezamos la visita por la prisión, donde se encuentra una exposición sobre el exterminio judío que se realizó en ese campo.

Continuamos hacia al Barracón 38, el único que queda en pie para poder visitar, ya que como he dicho anteriormente, el resto fueron destruidos.

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Entrada de Sachsenhausen

En el barracón se pueden ver las literas donde podían dormir hasta 400 prisioneros hacinados durante su estancia en el campo.

Los baños, donde tenían que hacer sus necesidades a la vista de todos independientemente del sexo o las duchas inmundas.

En los lugares donde se encontraban el resto de los barracones y edificios, se erige una piedra indicando el número o nombre del edificio destruido.

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Puerta de Sachsenhausen

Recorriendo el campo, sin entrar en ninguna edificación más (de momento), pudimos ver los patíbulos o zonas de ejecución. Era donde los prisioneros eran ejecutados por sus verdugos a punta de pistola, restos de las cámaras de gas e incluso los hornos crematorios.

La dureza del campo

Cuando llegamos a esta última parte, un escalofrió recorrió nuestro el cuerpo, se nos saltaron las lágrimas, una sensación indescriptible. Contemplas la zona, ves los edificios, los recuerdos que muchos de los familiares que allí estuvieron han dejado en su honor, y te imaginas las atrocidades que el ser humano es capaz de realizar (algo que nunca llegaremos a comprender).

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Esta parte, a mi parecer, fue la más dura, ya que nos dejó con un mal cuerpo para el resto de la visita, pero el horror que se cometió en este campo, no acababa aquí.

Aun nos quedaba el edificio de la enfermería, un largo barracón lleno de salas con instrumentación, pero que no eran precisamente para salvar vidas. En estas enfermerías de los campos de concentración se utilizaba a los reclusos para realizar peligrosos experimentos médicos, esterilizaciones forzosas e incluso asesinatos de enfermos.

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Pijama de rayas y clasificación (Judío y comunista) expuesto en Sachsenhausen

Como nos sentimos

Como podéis observar, esta visita no es una visita de buen gusto, en la que vamos a llenar nuestra cámara de fotografías y disfrutar de unas vistas espectaculares.

Es una visita en la que tienes que ir preparado para soportar todo lo que puedas ver dentro del campo, así como las historias que en los diferentes barracones cuentan a través de textos, imágenes o bien objetos de la vida de los reclusos.

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Sala de enfermería de Sachsenhausen

Aun así es muy recomendable visitarlo, ya que nivel personal y humano experimentas unas emociones y sentimientos que no experimentamos en otros lugares.

En el barracón 38, cuando entramos, nos quedamos helados ya que olía a quemado y creimos que ese olor se mantenía desde 1945.

Una vez llegados a Madrid (era 2010) y tras buscar nos enteramos de que, en 1992, un grupo de neo-nazis había asaltado el lugar para eliminar todo resto de la masacre realizada.

Pero la angustia del olor a quemado, más la visita a los diferentes lugares que había en el campo, hace esta visita una de las más duras psicológicamente que hemos realizado.

Si habéis visto la película Los Falsificadores, un grupo de judíos que se encuentran en un campo de concentración y tienen que falsificar billetes de libras y dólares, está basada en la más complicada de las falsificaciones monetarias jamás realizada, y fue aquí, en Sachsenhausen.

Puerta de Brandeburgo

Ya era hora de volver a Berlín, tras más de dos horas recorriendo los restos de lo que antaño fue un campo de concentración,.

Al llegar, fuimos a la Puerta de Brandeburgo, antigua puerta de entrada  a la ciudad y uno de los principales símbolos de la ciudad y de Alemania. De  estilo neoclásico, tiene 26 metros de altura, 65 de ancho y 11 de largo.

A 500 escasos metros, bajando por la calle Ebertstraße, se encuentra el “Monumento a los judíos de Europa asesinados” o “Monumento del Holocausto”. Tiene un tamaño de 19.000 metros cuadrados en los que hay 2711 losas de hormigón, que buscan producir una atmosfera incómoda y confusa en el espectador.

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Monumento del Holocausto

Seguimos bajando la calle hasta llegar a Postdamer Platz. Allí hay un centro comercial con una tienda-exposición de los juguetes Lego. Si vais con niños es una parada para que ellos también disfruten (a mí me dijeron que era muy mayor 😀 ).

Desde Postdamer Platz, fuimos siguiendo el recorrido que antiguamente hacía el muro hasta llegar a la plaza de Gendarmenmarkt. En el trayecto, se podían ver más trozos del muro así como las esculturas de los osos.

Plaza de Gendarmenmarkt

En la plaza de Gendarmenmarkt encontramos varios edificios de importancia, como son la iglesia francesa y la alemana, situadas en los extremos sur y norte, además del actual Auditorio Schauspielhaus, que fue un teatro en el pasado.

Es perfecta para sentarte un rato en el suelo a descansar y ver a los lugareños pasear o con sus bicicletas, así como a los turistas sacarse fotos intentando coger las cúpulas de los edificios (nosotros incluidos 😀 ).

Ya decidimos poner rumbo al hostel, pero fuimos dando un pequeño rodeo, sin llegar a pasar el río Spree, donde se encuentra el Berliner Dom (aun nos quedaba un día y lo visitaríamos ahí).

Berlín

Pasando por el Museo Histórico Alemán llegamos al edificio de la Nueva Guardia, el cual tuvo por objeto conmemorar la victoria sobre Napoleón, con la consecuente liberación de la ciudad.

Ahora, está dedicado a las víctimas de la guerra y de la tiranía mundial y anteriormente sirvió para conmemorar a las víctimas del fascismo.

Al lado de la Nueva Guardia, se encuentra la Ópera del Estado de Berlín y la Universidad Humboldt de Berlín. Esta es la más antigua de la ciudad y la que ha conseguido que 29 de sus alumnos sean premios Nobel.

Seguimos caminando y fotografiando las estatuas que nos encontrábamos por el camino. Desde una estatua ecuestre en una plaza, a un águila en el tejado de una vivienda a modo de gárgola o un ballestero en la esquina entre Unter den Linden y Friedrichstraße, calle donde se encontraba la boca de metro que nos llevaría de vuelta al hostel.

Al llegar al hostel, nos tomamos una cerveza en el patio para desconectar un poco del día, que había sido intenso, y lo merecíamos.

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Patio del hostel

Ya duchados, salimos y nos comimos unas de las mejores fajitas que hemos probado nunca y encima eran enormes y baratas.

El restaurante está enfrente de lo que era Tachelles, y dio la casualidad de que eran cubanos, así que nos pudimos entender bien.

El restaurante es muy pequeño por fuera, pero si vais a Berlín pasaos a probarlas (aparece como que está abierto, ésta es su página Web).

«Disfruta de cada momento».

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Javier

Me llamo Javier, nací un 25 de diciembre de 1.985 en Madrid. Estudié electrónica e informática pero, como muchos españoles, trabajo en el sector del Telemarketing. Desde siempre me ha llamado el viajar, conocer sitios nuevos, pero no lo empecé a hacer hasta hace no mucho (12 años más o menos, jajaja). Mi primer viaje fuera de España fue a Londres y, ya desde entonces, he podido conocer otros países como Turquía, Alemania, México… Y poco a poco la lista se irá ampliando y, este blog, será la prueba de ello.