Zaragoza – Monasterio de Piedra y Belchite Día 1

Son las nueve de la mañana cuando nos despertamos en nuestro primer día de viaje, tras desayunar y terminar de preparar la maleta, a las diez de la mañana ya estamos montados en el coche y camino de Nuévalos, pueblo zaragozano donde se encuentra el Monasterio de Piedra.

Tras dos horas y media de coche, llegamos sin ningún problema y sin nada de tráfico, a pesar de ser operación salida en España por el inicio de la Semana Santa.

Dejamos el coche en el parking de arena que se encuentra en la parte exterior del monasterio (es gratuito y bastante amplio) y empezamos a andar por el camino de piedras que lleva a la entrada del parque.

La entradas las habíamos comprado con anterioridad a través de Internet (tienen un pequeño descuento por comprarlas Online). Se puede comprar la entrada para visitar solamente el monasterio, o para visitar el monasterio y el parque (estas últimas son las que habíamos comprado nosotros), y aunque os puedan parecer caras, 14,40€ con el descuento, merece mucho la pena.

Según pasamos los tornos de entrada al parque, nos asaltaron dos fotógrafas con un búho para sacarnos unas fotos (como las de los parques de atracciones que luego te puedes llevar de recuerdo), así que nos sacamos las fotos (al final no las compramos, salíamos muy mal 😀 ) y empezamos a bajar por un camino de arena hasta llegar a la primera zona con cascadas, El Vergel.

Ya empezamos a ver las cascadas, la primera que vimos fue la llamada Baño de Diana, junto al Estanque de los Patos (aunque cuando fuimos no había ninguno). Continuando a la izquierda, nos encontramos con una de las imponentes cascadas del parque, La Caprichosa.

Continuamos nuestro camino hacia la izquierda para ver la cascada Trinidad, no tan imponente como La Caprichosa, pero de gran belleza. Continuamos el camino hacia la el mirador de La Caprichosa, al cual se accede por unas escaleras cercanas a dos grutas, la del Artista y de la Bacante, desde donde podréis observa las caída de la cascada.

Continuando el sendero por la zona alta del parque, pasamos por el nacimiento del río Piedra y empezamos a bajar bordeando la cascada de los Fresnos, en donde el agua va cayendo por sobre grandes piedras hasta llegar a las cascadas Iris, que están a las puertas de la gruta del mismo nombre.

Una vez nos adentramos en la gruta, nos dimos cuenta de que estábamos en la parte posterior de la cascada Cola de Caballo, de aproximadamente unos 50 metros de altura. Por la gruta hay abiertas ventanas desde las que podremos observar la caída de la cascada, y eso sí, hay que tener cuidado, ya que con la humedad que se genera dentro hay riesgo de algún resbalón.

Una vez llegamos al pie de la Cola de Caballo, nos adentramos en una gruta que hay tras esta, en la que por un caminito que hay, llegamos a un lago con un tono azul que nos llamó mucho la atención.

Interior de la Cascada Cola de Caballo - Monasterio de Piedra
Interior de la Cascada Cola de Caballo – Monasterio de Piedra

Continuando por el camino y tras atravesar el túnel que da salida a la gruta Iris, llegamos a los pies de la cascada y pudimos contemplar sus 50 metros de caída de agua, algo impresionante y que no podemos dejar de contemplar.

Cascada Cola de Caballo - Monasterio de Piedra
Cascada Cola de Caballo – Monasterio de Piedra

Nos dirigíamos ya casi para terminar al Lago del Espejo, no sin antes pasar por el centro de Piscifactoría, donde los carteles nos indican las diferentes especies de peces que allí se crían.

Lago del Espejo - Monasterio de Piedra
Lago del Espejo – Monasterio de Piedra

El camino que rodea al Lago del Espejo estaba cerrado por manteamiento, así que no lo pudimos ver en su totalidad, así que volvimos por las piscifactorías hasta las últimas cascadas del parque, la de los Chorreaderos.

Tras terminar el recorrido del parque, fuimos a visitar el Monasterio, que se encuentra al lado de la entrada al parque, bajando las escaleras que están al lado de la tienda de suvenir. La visita se puede realizar por libre o bien guiada, pero faltaba una hora para la guiada y decidimos hacerla por libre.

Empezamos el recorrido por el claustro, que a pesar de ser del siglo XIII, se encuentra bastante bien conservado, exceptuando las estatuas y los frescos de las paredes. La primera dependencia que vimos fue la iglesia, que a pesar del mal estado, se puede contemplar las dimensiones que tenía y los grabados en las columnas.

Otras de las dependencias que podemos visitar son la cocinas, un museo sobre el carruaje y finalmente un museo del vino D.O. Calatayud, donde podemos descubrir el proceso que seguían los monjes para destilar el vino.

Terminamos la visita al Monasterio de Piedra y ya era la hora de comer, así que nos fuimos al parking, nos sentamos en el coche, y nos comimos un bocata antes de salir rumbo a la Puebla de Alfindén, un pequeño pueblo a solo cinco minutos de Zaragoza donde teníamos el hotel.

Llegamos al hotel tras comer y casi una hora y media de camino, hicimos el checking en el hotel, y como teníamos que esperar para la visita nocturna guiada a Belchite, nos echamos un rato la siesta.

Sobre las siete de la tarde salimos dirección al Pueblo Viejo de Belchite a tan solo 30 minutos del hotel. Para poder ir, podéis comprar las entradas con anterioridad en su página Web, donde por solo 12€, tendréis la visita nocturna y la diurna, ambas guiadas y con temáticas diferentes, o bien en la oficina de turismo que se encuentra a 100 metros de la puerta.

En la entrada del Viejo Belchite hay un parking de arena donde se puede aparcar sin ningún problema, y aun estando lleno, en las inmediaciones se puede aparcar sin problemas. Para la visita nocturna es necesario llevar una linterna, y dependiendo de la época, algo de abrigo viene bien.

El Viejo Belchite se transforma al caer la noche, dando paso a las historias oscuras y misteriosas que envuelven al pueblo, el momento idóneo para conocer “La otra historia de Belchite.

La visita comienza en el Arco de la Villa, donde hay una mini exposición con fotografías antiguas del pueblo aun en pie y tras los bombardeos. Tras verlo, comienza la visita, andando por sus calles, la guía nos va contando las diferentes historias que allí ocurrieron antes de la Guerra Civil Española, y otras no tan antiguas.

Una de las primeras historias que y de la que más nos marcó, fue la de la Paulina y Antonia, dos mujeres que murieron en los bombardeos de la guerra, y que tras el paso del tiempo, varias personas han asegurado verlas pasear por sus calles.

También pasamos por una fosa común, en la que en su interior descansan entre 80-90 cuerpos, donde la guía nos dijo que si queríamos, podíamos dejar nuestros móviles grabando, ya que es uno de los sitios preferidos de los buscadores de psicofonías (nadie se atrevió a dejarlo, no sabemos si por miedo a que se lo robasen o por miedo a lo que podía grabar).

Continuamos hasta la plaza donde se encuentra una cruz de hierro, la cual la mando construir Francisco Franco y donde a sus pies, se quemaron los cuerpos sin vida de los combatientes. En la misma plaza, se encuentra la Torre del Reloj, la cual cuenta la historia, que tras la primera muerte que hubo en el pueblo, el reloj se paró.

Seguimos el recorrido hasta llegar a otra plaza, donde se encuentran los restos de la que antiguamente fue la inmensa iglesia de San Martín, donde podremos contemplar su fachada la cual, gracias a las visitas, se ha podido restaurar un poco y contemplar su interior.

Puerta de la Iglesia de San Martín - Pueblo Viejo de Belchite
Puerta de la Iglesia de San Martín – Pueblo Viejo de Belchite

Al lado de la iglesia, se encuentra el convento de San Agustín, el cual en la guerra, fue un hospital y refugio para niños, donde también se dice que se pueden llegar a escuchar a los niños hablarnos.

Volvimos sobre nuestros pasos contándonos más historias, hasta llegar a la iglesia de San Agustín, en la otra parte del pueblo. Esta iglesia está mucho mejor conservada que la anterior, pero con la construcción del nuevo pueblo, la despojaron de su tejado para poder hacer las casas, y actualmente no permiten la entrada por riesgo de desprendimientos.

Lo curioso de esta iglesia, es que en su campanario, aun se puede observar un obús de la guerra incrustado en sus ladrillos.

Esta fue la última parada de esta visita, y al día siguiente teníamos la diurna, esta vez con más contenido sobre la Guerra Civil Española, así que sin más, nos fuimos al bar “La Nueva Sevilla” donde cenamos y nos fuimos al hotel a descansar.

(Las fotos se ven mejor en el segundo día).

sigiuente dia

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