País Vasco y Francia – Getaria y Aránzazu día 10

Décimo día en el camping Jaizkibel y última mañana que amanecíamos en él, ya que tras levantarnos y desayunar, empezamos a desmontar las tiendas y a guardar todo en el coche para poner rumbo a nuestro siguiente alojamiento, esta vez en Bilbao.

Entre que desayunábamos, recogíamos, nos pusimos en marcha y recorrimos los 45 kilómetros que nos separaban de Getaria (o Guetaria), llegamos sobre la una del mediodía a este bonito pueblo de la costa donostiarra.

Para poder aparcar en Getaria es un poco complicado, ya que en todo el casco antiguo está restringido el paso a vehículos, por lo que recomendamos que miréis el parking habilitado para ello, o si continuáis unos pocos metros, en la propia carretera que bordea la costa, también se puede aparcar, que fue donde aparcamos nosotros.

Situada a tan solo 25 kilómetros de San Sebastián, Getaria está rodeada por la montaña en una isla, la cual se unió a la península a través del puerto, sus dos playas Gaztetape y Malkorbe y el océano.

Como decíamos, aparcamos el coche cerca del parking y empezamos a recorrer sus calles hasta encontrarnos en una plaza donde se encuentra la estatua de un hijo prodigo de la ciudad, Juan Sebastián Elcano, justo en frente de la oficina de turismo.

Tras la estatua, empieza la calle principal de Getaria, la Calle Nagusia, donde se pueden comprar productos locales, sobre todo pescado fresco y txakoli de la zona (vino producido en el territorio histórico de Vizcaya) y degustar los magníficos pintxos que ponen en los bares de la calle.

Calle Nagusia e Iglesia San Salvador al fondo - Getaria
Calle Nagusia e Iglesia San Salvador al fondo – Getaria

Al final de la calle, y antes de llegar al puerto, se encuentra la Iglesia a San Salvador, construida en el siglo XV. Un detalle muy curioso de esta iglesia, es que el suelo se encuentra inclinado debido al terreno donde se construyó.

Interior de la Iglesia San Salvador al fondo - Getaria
Interior de la Iglesia San Salvador al fondo – Getaria

Para poder llegar al puerto, tuvimos que pasar por un pequeño túnel que pasa por debajo de la iglesia. Este túnel, en la antigüedad, era utilizado de manera defensiva, ya que la iglesia formaba parte de la muralla que rodeaba a Getaria.

Al final del puerto, se encuentra el monte de San Antón o, como es conocido en Getaria, el “ratón” de Getaria, por la forma semejante a este pequeño roedor. Nosotros no subimos, ya que queríamos ir a ver el Santuario de Aránzazu y teníamos que ir a Bilbao para entrar en la casa que habíamos cogido con Airbnb (recuerda que tienes 25€ de descuento pinchando aquí).

Comimos de pintxos recorriendo algunos bares de la calle principal, aunque si os gusta la buena comida y vais con tiempo, podéis comer salmonetes en el May Flower o incluso comer en un estrella  Michelin como Elkano.

Con el estómago lleno, pusimos rumbo al Santuario de Aránzazu, a nueve kilómetros de la localidad de Oñati.

Basílica de Aránzazu - Aranzazu
Basílica de Aránzazu – Aranzazu

El santuario fue construido originariamente hace más de 500 años en honor a la Virgen María que supuestamente se le apareció a un pastor de la zona en el siglo XIV. En los años 50 se erigió una nueva e impresionante basílica en el borde del precipicio, constituyendo esta uno de los ejemplos más vanguardistas de la arquitectura vasca. En sus diseños, cabe destacar las puertas diseñadas por Eduardo Chillida y las esculturas de los apóstoles por Jorge Oteiza.

Vistas del monasterio y basílica de Aránzazu - Aranzazu
Vistas del monasterio y basílica de Aránzazu – Aranzazu

Como íbamos con la hora justa para poder entrar en la casa, entramos en la basílica y salimos dirección al barrio bilbaíno de Deusto, donde nos esperaba María, la anfitriona y donde pasaríamos seis noches conociendo la capital vizcaína y sus alrededores.

El barrio de Deusto es conocido por la Universidad del mismo nombre. La casa se encuentra a quince minutos andando del campo de futbol de San Mamés, tras cruzar el Puente de Euskalduna y a dos minutos del metro, que nos dejaba en el Casco Viejo de Bilbao tras recorrer cinco paradas.

Una vez subimos todos los bártulos en el piso, nos fuimos a hacer la compra y a visitar a parte de mi familia que reside en Santurce, un pueblo que se encuentra en la desembocadura de la Ría del Nervión o de Bilbao y, tras cenar con ellos, volvimos para descansar después de nueve días en una cama de verdad y prepararnos para el día siguiente.

 

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