Las Vegas

Las Vegas – Llegada y día 1

Este post está integrado dentro del viaje que realizamos entre Estados Unidos y México (se irá sacando paulatinamente). En la sección “Resto Mundo”, tendréis el viaje separado por atracciones turísticas y ciudades, enlazando los días entre sí.

Comenzamos el viaje levantándonos a las cuatro de la mañana, ya que teníamos el vuelo a Frankfurt a las 7:20 para hacer escala hacia Las Vegas. El vuelo transcurrió con normalidad, y sin ningún retraso, llegamos a nuestro paso intermedio.

Pero como no todo nos podía salir bien (ya iréis viendo poco a poco que muchas veces nos pasa algo 😀 ), cuando llegamos a Frankfurt y tras recoger la maleta facturada (cogimos los vuelos por separado en vez de juntos y pudimos ahorrarnos unos 50€), fuimos a comprobar la puerta de embarque de Las Vegas, y ¿cuál fue nuestra sorpresa? ¡Correcto! El vuelo salía con dos horas de retraso.

Haciendo tiempo en el aeropuerto de Frankfurt - Alemania
Haciendo tiempo en el aeropuerto de Frankfurt – Alemania

Para matar el tiempo y no estar sin hacer nada, como teníamos las maletas y no íbamos a facturar todavía, nos fuimos a la puerta de entrada al aeropuerto, donde cruzando la acera, había unas cafeterías donde nos sentamos al sol a tomarnos unas cervezas y a llamar a las familias para avisar de que íbamos con retraso.

Aun nos quedaban dos horas más hasta que saliese el vuelo (llegamos a las 10 am y el vuelo se retrasó hasta las 17 pm), entramos en el aeropuerto y buscamos un sitio donde poder comprar algo de comer, así que tras dar una vuelta entre todos los que había, nos pedimos unos Wrap y nos sentamos tranquilamente a comerlos.

A las  cinco de la tarde conseguimos por fin embarcar tras facturar las maletas. Nos esperaban unas doce horas de vuelo, menos mal que para que no se nos hiciesen muy largas, teníamos pantallas de video con películas (por si acaso llevábamos en el móvil alguna película o capítulos) y si no, siempre nos quedaría echarnos una cabezadita (aunque para nosotros, fue casi imposible).

Entre las películas, las cabezadas y los paseos al baño, pasaron unas seis horas de vuelo (las once de la noche hora española) y pudimos vislumbrar lo que parecía Groenlandia (era una gran masa de hielo en la que se podían ver ríos de un azul intenso recorriéndolos o montañas con sus cumbres nevadas).

Tras otras seis horas más, llegamos a por fin a nuestro destino. Ya eran casi las cinco de la mañana, hora española y casi las nueve en Las Vegas, por lo que más o menos, llevábamos unas 24 horas despiertos (entre cabezada y cabezada), y aun nos quedaba recoger las maletas de la cinta, pasar el control de seguridad (ni se os ocurra llamar por teléfono antes de pasar este punto, si no, vendrá un tío muy enfadado a deciros que lo apaguéis), buscar el parking donde teníamos el coche de alquiler y llegar al hotel.

Ya con la maleta y por fin en suelo americano, lo primero que te llama la atención del aeropuerto de Las Vegas es que está lleno de máquinas tragaperras, más que un aeropuerto, parece un casino. Salimos a la parte exterior para buscar el parking del coche de alquiler, y tras pasar las puertas, nos dio una “bofetada” el calor que hacía. Era insoportable, muy seco y costaba respirar (nunca habíamos pasado tanto calor).

Para poder llegar al parking, tuvimos que preguntar, ya que no está muy bien señalizado, y dimos con una chica de un puesto que había fuera que hablaba castellano y nos indicó donde estaban las lanzaderas que te llevan. Así que esperamos al siguiente autobús y fuimos a por el coche.

No sé si lo sabréis, pero allí creo que casi todos, por no decir todos los coches, son automáticos, por lo que no tienen el pedal del embrague y no se utiliza el pie izquierdo, así que lo primero que hice, tras encontrar el freno de mano (era una palanca al lado de la puerta que se pulsaba con el pie), fue frenar con el pie izquierdo, ya os podéis imaginar el frenazo en seco que metí (menos mal que era sacando el coche marcha atrás e iba muy despacio 😀 ).

Si os vais a mover por Las Vegas, Death Valley, Gran Cañón, etc, os recomiendo un coche grande (nosotros cogimos un Ford Scape, parecido al Kuga pero más grande), tanto para poder llevar las maletas cómodamente (nosotros llevábamos dos grandes y dos de cabina), una nevera para poder llevar comida fresca y agua fresca (compramos una en una “Pharmacia” de Las Vegas por unos 10 dólares que estaba muy bien, era de tela con bastantes compartimentos, pero tienes la típica de corcho por 3-4 dólares) y también para poder ir anchos y cómodos (fueron más de 24 horas en coche con más de 2.000 kilómetros recorridos).

Nos alojábamos en el Westgate Hotel, construido en 1969, es uno de los más antiguos de Las Vegas. Era el hotel más barato que encontramos para las noches que íbamos a pasar en la ciudad del pecado (ya que pasaríamos una en el Gran Cañón y cuando volviésemos nos alojaríamos en el Hard Rock), pero aun así, no escatimaba en lujos. Tiene parking gratuito, al igual que la mayoría de los hoteles (pero cuanto más famoso, más difícil es aparcar en ellos), y cuenta con una gran ventaja frente a otros, tiene su propia parada del monorraíl que conecta varios hoteles (imprescindible para no moverse en coche con la ciudad).

Entrada al Hotel-Casino Westgate en Las Vegas - EEUU
Entrada al Hotel-Casino Westgate en Las Vegas – EEUU

Ya era muy tarde, así que salimos al exterior del hotel para conocer la zona, y volvimos a la recepción del hotel a tomarnos una cerveza tranquilamente y sin más, nos fuimos a la cama a descansar.

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